Ganar la Discusión, Perder la Relación | Pastor John Cruz
Saludos, mi nombre es John Cruz y soy el pastor de North Place en Español aquí en el área de Dallas-Fort Worth y durante los últimos 25 años he tenido la oportunidad de pastorear un grupo de personas increíbles en distintos campuses, distintas localizaciones y hoy ustedes son una de esas localizaciones. Me siento honrado, privilegiado y realmente es un regalo de Dios poder llegar hasta ti, poder llegar hasta ustedes, ahí donde estás, con el mensaje de esperanza, un mensaje del evangelio, un mensaje transformador, dejándote saber que Dios es un Dios que te ama, el Dios en el que yo confío tiene planes para ti de transformarte y demostrarte un propósito que tiene para tu vida. Quiero que sepas que eres parte de nuestra familia espiritual y que estamos orgullosos de que hoy te hayas conectado a nosotros. Regreso al final de la programación para darte información importante. Gracias por conectarte con nosotros hoy. Que llegan a una conversación y aunque haya desacuerdo es el tipo de personas que ayudan a sanar. Hay otras que convierten cada diferencia o de opinión en una guerra. Y si somos honestos hoy, a veces esa persona no es alguien más, sino que somos nosotros. A veces somos nosotros. Porque una de las cosas más peligrosas en la vida cristiana es que podemos parecer fuertes, firmes, directos, sinceros y aún así estar operando desde un espíritu contencioso. Y el problema con la contención es que se disfraza. El problema con la contención es que se disfraza con palabras y frases culturales que dicen es que yo solo digo la verdad. Es que alguien tiene que decirlo. Es que yo soy así. O la frase es que yo no me dejo. Es que yo tengo carácter y firmeza. O a veces decimos que yo tengo convicciones. Pero muchas veces debajo de todo eso no hay santidad. Hay contienda. Hay orgullo. Hay inseguridad. Hay heridas no sanadas. Hay necesidad de control. Y hay emociones que no hemos rendido a Cristo. Ganar la discusión pero perder la relación. Y para una iglesia que Dios está formando esto es sumamente importante. Yo quiero que vayamos al libro de Gálatas capítulo 5 y vamos a leer una porción de ese capítulo 5 entre los versos 19 al 21. Y mira lo que dice. El fruto del espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio. La contención no es sólo un desacuerdo, es una postura del corazón. Y escucha esto bien. No todo desacuerdo es pecado. Hay desacuerdos que son saludables y necesarios. No toda diferencia de opinión es carnal. No toda confrontación es mala. De hecho hay confrontación necesaria, importante y constructiva. Hay conversaciones de estas que son confrontaciones santas diría yo. Que son confrontaciones constructivas y que nos ayudan a crecer. de la verdad, es necesario compartirla, pero la contención que habla la Biblia es otra cosa. La contención es cuando ya no queremos entender, queremos ganar. La contención bíblica es cuando ya no queremos reconciliar, queremos imponer. La contención es cuando ya no queremos escuchar, queremos probar que tengo razón. Yo quiero que escuchemos con atención porque la contención convierte diferencias normales en conflictos destructivos. Las diferencias de opinión son importantes y necesarias, pero la contención convierte esas diferencias en conflictos destructivos, por eso la Biblia lo dice de una manera bien fuerte y clara, en Proverbios 23. Al hombre le es deshonroso apartarse de la contienda.
Al hombre le es honroso, perdón. Dice al hombre, no le dejando a la mujer atrás, sino que el libro de Proverbios estaba diseñado como un manual de escuela bíblica, digamos, para jóvenes hebreos que estaban en desarrollo y en crecimiento. El libro de Proverbios se usaba para disipular a los jovencitos, por eso habla mucho acerca de la mujer en términos de una relación. Pero al hombre, o sea, al ser humano, al hombre y a la mujer, le es honroso, y estuvimos hablando de honra, por toda una serie en crear espacio de la contienda, apartarse de la contienda, pero todo insensato se envolverá en ella. Eso es impresionante, porque el mundo dice, la cultura te dice, el fuerte responde, el fuerte no se deja, el fuerte gana, el fuerte pone a todos en su lugar, pero la Biblia te enseña y te dice, hay honra en saber cuando no entrar en una pelea. Y eso es casi contracultural, porque hay personas que piensan que es madurez decir lo que sienten, no necesariamente. Hay personas que piensan que valentía es, yo no me quedo callado, no necesariamente. Hay personas que piensan que tener carácter es, a mí nadie me pasa por encima, no necesariamente. A veces lo más espiritual que podemos hacer es no responder como nuestra carne desea que respondamos. A veces la mayor evidencia de poder no es hablar fuerte,
es tener suficiente dominio propio para callar, escuchar y responder como Cristo. Mira lo que dice Proverbio 26, el buscapleito inicia disputas con tanta facilidad como las brasas calientes encienden al carbón o el fuego prende la madera. Hay gente que no entra a una situación, digamos entran al fuego, hay gente que entra y echa gasolina, ¿verdad? Y aquí está la pregunta que nosotros hoy todos nos debemos hacer. La pregunta no es, yo discuto de vez en cuando, esa no es la pregunta. La verdadera pregunta es, ¿yo llevo paz o llevo tensión a las relaciones que Dios me ha dado? ¿Yo llevo paz o llevo tensión a las relaciones que Dios me ha dado? La Biblia nos enseña que la contención siempre termina rompiendo algo. Y esto es importante porque la contención no es pequeña, según la Escritura. La contención no es algo inocente, la contención no es simplemente que yo puedo decir, es que es parte de mi personalidad y así soy. La contención, si no se confronta, siempre termina rompiendo algo. Rompe la confianza, la seguridad relacional, la cercanía, la ternura entre personas, rompe la cultura, el ambiente, rompe el corazón de otra persona.
Y la Biblia nos lo muestra desde el principio. Si tú vas al libro de Génesis, Caín y Abel, la contención empieza con qué? Con un corazón herido. La contención, en este caso, comenzó con un corazón lastimado. Una de las primeras relaciones rotas en la Biblia no es entre ejércitos, no es entre naciones, no es entre reyes, es entre hermanos. Caín no empezó matando, Caín empezó resentido. Se la dejo ahí pa' que se asiente. Caín empezó comparándose. Caín no fue un día y se levantó y dijo, hoy voy a matar a mi hermano. Caín empezó ofendido, resentido, a la defensiva, y Dios le dio algo bien, bien profundo en el verso siete del capítulo cuatro de Génesis. He warned him. He said to him, Sin is at the door, Cain. It is knocking at your door. You are consenting in your heart. He was saying to God something that is extremely harmful. Sin is at the door. Cain had not yet exploded, but he was already touching sin, the door of his heart. That is exactly what happens with contention. It rarely starts with a giant explosion. Do you know how contention starts in the human heart? With a wound. With resentment.
With a comparison. With a wrong interpretation. With an internal conversation that is still being rehearsed and that was not taken to God. Contention rarely starts with words. It starts with a wounded heart that was not treated in front of the Lord. That is why there are discussions that are not born out of what happened today. They are born out of what never healed yesterday. And there are people who are not reacting to that conversation. And sometimes you say, but what happened? Why did he react like that? I always say the following. If it is hysterical, it is historical. If it is hysterical, it is historical. In me or in whoever. If there is a disproportionate reaction, there is something unsolved that was never brought to God. And sometimes we are reacting to years of feeling ignored. We are reacting to seasons of feeling rejected. To wounds of our childhood. To betrayals of the past that were never processed. Or insecurities that we never surrendered to Christ. And that is why sometimes a small conversation produces a huge reaction. Are you with me so far? There are not many amens today, right? Where there is hysteria, there is history. Abraham and Lot is another biblical example. I will use only three quickly. It is the example of spiritual maturity. The Bible not only shows us the problem, but also shows us the way to the solution. In Genesis 3, there is tension between Abraham and Lot. Their cattle were very close to each other and had grown.
Resources increased. And the sheep shepherds were in conflict with each other. The problem was real and the tension was real between both sides. Interests were at stake. And Abraham says something incredibly beautiful and beautiful in chapter 13, verse 8. Then Abraham said to Lot, Please, let there be no conflict between you and me, because we are relatives. What a powerful word. I would like to be part of my essence and my heart. Because it is a way of responding contrary to how we normally respond. Because Abraham understood something. Before the earth, before the resources, before his preference, before his position, before his level of authority. Because he was older and had authority. He says, before all that. He does something that surprises us. Because he was the one God had called, the one God had promised him. He was the oldest, but he chooses to preserve peace. That is something that confronts us. Because contentious people fight for their rights. Abraham had all his rights. But the pacifiers fight for the relationship. Listen to me carefully, North Place. Not every battle you can win is worth winning. And that was what Abraham was teaching us in that passage. Because there are victories that feel good for five minutes and harmful for the next five years. There are words that put people in their place and satisfy you for a moment. But they took out and ripped out the peace of that home. There are answers that we won for the moment, but we lost the trust of that other person. And here in this passage of Abraham, there is a beautiful and gigantic echo of the Gospel.
Because Abraham, being the oldest, gives in. Having authority and position, he gives in. And Jesus, being the youngest, gives in. Nuestro verdadero hermano mayor, que el hace? El es el verdadero heredero, el verdadero mayor, el verdadero escogido, no uso su posicion para aplastarnos, ni ponernos en nuestro lugar. Que hizo el? Filipense 2 dice que se humillo, se despojo y se hizo siervo. Jesus no vino para ganar una discusion contigo, Jesus vino para reconciliarte con el padre. Y si Cristo fue lo suficientemente humilde para descender por amor, para humillarse, tu y yo podemos ser lo suficientemente humildes para bajarle el tono dos rayitas, para escuchar mejor y para buscar la paz. El tercer ejemplo que nos da la escritura y estoy sentando en la base teologica porque es bien importante y ya mismo vamos a aterrizar en la base practica. Jacob y Esau es otro ejemplo doloroso, cuando la rivalidad se convierte en distancia. Escucha esto, cada vez que estudia la palabra contención en la Biblia, creaba malos resultados excepto cuando hay una palabra de corrección para el creyente. Jacob y Esau, ese conflicto no empezó con odio abierto, empezó con favoritismo en la familia, empezó con comparación.
Esa la veo una y otra vez en la escritura, cuando nos comparamos. Empezó con rivalidad y empezó con resentimiento acumulado. Y lo que empezó como competencia, terminó en amenazas de muerte y años y años de distanciamiento como familia, años de separación. Y eso es lo que produce, ese es el resultado que produce lo que hace la contención. No suele empezar con odio, empieza con el orgullo herido. Y termina con distancia relacional. Y quiero decir algo pastoralmente, y a lo mejor te suena fuerte, pero hay casas donde no hay gritos, pero tampoco hay paz. Los gritos no son contención, el distanciamiento sí es producto de la contención. Están todo el mundo calladitos, pero hay distanciamiento, hay matrimonios que no se están peleando fuerte, pero no hay ternura ni afecto entre ellos con tensión. No hay seguridad, no hay cercanía, no hay ligereza, no hay un ambiente que se respira, solo hay respuestas cortas, tonos pesados, sarcasmo, frialdad y tensión. Silencios que castigan al otro. Y aunque no ha habido, no hay ahora mismo una gran explosión, la contención ya entró, aterrizó y está en esa casa. Porque la contención no siempre se ve como volumen, a veces se ve como rigidez,
se ve como crítica continua, donde no importa lo que haga la pareja, siempre está siendo corregida por la otra persona, crítica constante, defensividad o una necesidad de tener la última palabra. Un ambiente donde la gente dice, tengo que caminar con cuidado porque no sé lo próximo que vaya a decir cómo le va a impactar. Ahí es contienda, contienda. Contienda no es algo lindo que usaron en la Reina Valera, contienda es un principio fundamental donde Dios nos quiere desarrollar, disipular, sanar y hacernos parecer más a Cristo en como Él responde. Cuando un hogar deja de sentirse seguro, cuando un lugar de trabajo deja de sentirse seguro, cuando una iglesia, un equipo deja de sentirse seguro, cuando una amistad deja de sentirse seguro, algo sagrado se está rompiendo. Creo que escuchen esto bien, porque esto es parte de lo que significa ser familia espiritual. No podemos decir ser familia espiritual y no manejar el conflicto o la contienda o las diferencias de manera que no sea saludable. Esto va más adentro, este mensaje no es simplemente seamos más amables y más simpáticos cuando la gente llega. Este es un mensaje de transformación profunda.
Por eso Pablo, en el capítulo cinco de Gálatas, él habla de pleitos, contiendas, disensiones y rivalidades. ¿Qué son estos? ¿Cómo él lo describe? No como personalidad. obra de la carne. ¿Escuchaste bien? Porque hay gente, ¿cuántas veces me dicen que yo soy así, pastor? No, eres así porque es algo de ti que no le has rendido a Cristo y todavía es parte de lo que idolatras, es uno de los ídolos de tu corazón. Esto es algo bien serio, porque la contención no es simplemente un estilo de personalidad, es una manifestación de la carne. O dicho más claro, no siempre es así soy yo, a veces es, esto es lo que todavía yo no le he rendido al Espíritu Santo. Y aquí es donde la psicología bien usada nos ayuda a ponerle lenguaje a algo que la Biblia ha estado diciendo por miles de años. Es interesante cuando el estudio simplemente valida lo que la Biblia ya nos enseñaba y no estoy diagnosticando a nadie, mantenga los codos en su sitio, porque este mensaje no es para su vecino, este mensaje es para, hágase así. Porque es bien fácil, hombre,
estaban de Spring Break y se lo perdieron. Se lo voy a recomendar a tal y a tal persona, pero eso no es para esa otra persona, estamos aquí todos los que somos y somos todos los que estamos, que Dios quería estar aquí hoy, que estuvieran aquí. Pero si tú observas cosas en alguien como lo que la psicología llama personas o patrones de alto conflicto. Entonces, ¿cómo describes a alguien contencioso? La Biblia le llama contención, contencioso. La psicología moderna le llama patrones de alto conflicto, pero están diciendo lo mismo. Es la persona que culpa a otros constantemente. Te la dejo ahí para que se asienten. Le tengo dos o tres cositas para que se asienten. Es el que nunca asume responsabilidad. Fue culpa del jefe, fue culpa de las tres parejas que he tenido, fue culpa del gobierno, es culpa de la economía, es culpa de tal y cual, y no importa lo que usted diga, siempre hay alguien más que tiene la culpa. Es una persona altamente contenciosa, escucha bien. Reaccionan desproporcionadamente. Te dije, si es histérico, es histórico. Escala un problema pequeño que los demás se preguntan, ¿y de dónde salió todo esto? Convierten desacuerdos normales y corrientes y silvestres en una crisis. Y repiten el mismo patrón en diferentes relaciones.
Se van de iglesia en iglesia, de trabajo en trabajo, de pareja en pareja, y siempre es alguien más quien tiene la culpa. Y encuentran lo que buscan, porque son y tienen un espíritu contencioso. La pregunta es, ¿por qué? ¿Por qué alguien se vuelve así? Y muchas veces es que por debajo, lo que hay es inseguridad. Muchas veces lo que hay detrás de todo eso es necesidad de control. Lo que hay detrás de todo eso es la falta de autorregularse sus propias emociones. No han aprendido la autorregulación emocional. Muchas veces son patrones de familia. Gente que llama a maldiciones generacionales, patrones repetitivos de familia. Y aunque decíamos, no soy así, repetimos el mismo patrón cuando nos vemos en momentos de crisis y depresión. Una identidad demasiado amarrada al tener razón siempre. La contención muchas veces es inseguridad vestida con armadura. Por eso la Biblia nos enseña y nos dice, pónganse la armadura del cielo. Pero nosotros nos ponemos la armadura de la contención. Hay personas que parecen fuertes, pero no son fuertes. Solo están protegiéndose. Hay personas que parecen directas, pero no son maduras. Solo están defendiéndose todo el tiempo. Hay personas que parecen firmes,
pero en realidad están aterradas de ser corregidas y nunca pueden recibir corrección de nadie, ni de su pareja, ni de sus hijos, ni de un jefe. Y comenzamos a defendernos. ¿Por qué? Porque hay contención en el corazón, pero en realidad están aterradas de ser corregidas, cuestionadas o ser vistas como vulnerables. Y aquí entra algo que el pastor Tim Keller enseñaba con mucha claridad. Él decía que el conflicto muchas veces revela los ídolos del corazón. Si yo he convertido en el estar siempre en lo correcto, en mi ídolo, nunca voy a permitir que me corrijan. Si he hecho el tener razón, el controlar el ambiente, el proteger mi reputación, hay gente que les aterra cuando alguien habla mal de mí. mal de ellos, porque les aterroriza que alguien afecte su reputación, y mientras que la reputación es importante, vivimos en una era donde las redes sociales y la gente simplemente pueden poner algo en las redes, pero cuando estamos aterrorizados de que alguien dañe nuestra reputación, simplemente hemos hecho de nuestra reputación nuestro ídolo. Entonces, cualquier desacuerdo se siente como una amenaza. Muchas veces, la contención es el guardaespaldas de nuestros ídolos. Si mi ídolo es tener razón, voy a pelear hasta que me den la razón. Si mi ídolo es el control, yo voy a resistir cualquier opinión distinta a la mía, sin importar si es buena o mala, la cosa es que yo tengo el control. Si mi ídolo es mi reputación, yo voy a atacar cualquier corrección, y si mi ídolo es sentirme superior a los demás, yo voy a necesitar ganar cada debate. Y aquí está la verdad dura, pero liberadora. No siempre discutimos porque amamos la verdad, a veces discutimos porque adoramos algo más
que a Cristo, y cuando eso pasa, el problema ya no es mi tono, el problema es mi altar. No sé si yo soy la persona contenciosa. No le preguntes a nadie, porque no te lo van a decir, se aterrorizan, te han tratado de confrontar en el pasado, y si tú le preguntas a alguien, yo soy contencioso, no, tú no, tú eres un pan dulce, porque yo no quiero bregar contigo el resto de los próximos cinco años porque me vas a hacer la vida miserable. Así que no le preguntes a nadie si tú eres la persona contenciosa. Nadie mira al esposo, nadie mira a la esposa, ni a la suegra, ni al lado. La mayoría de la gente contenciosa siempre cree que el problema es otra persona. Si usted siempre cree que el problema es los demás, por ahí van los tiros, por ahí va la cosa. Hoy la pregunta no es quién necesita escuchar esto, la pregunta es, Señor, hay algo de esto en mí. ¿Hay algo de esto en mí? Esa es la pregunta que nos tenemos que hacer. Pregúntate con honestidad, siento la necesidad de ganar toda discusión. Can somebody help me with another mic, please? No sé si le estaba llegando el chillido, pero a mí ya me tenía perdiendo, quería tener contención con mi propio micrófono. Estaba teniendo una contención ahí, ya me estaba haciendo quedar mal, ¿no? Siento la necesidad de ganar toda discusión. Mis conversaciones se convierten fácilmente en debates. Interrumpo yo más de lo que escucho. La gente tiene que medir mucho antes de hablarme a mí. Me ofendo con facilidad, sumo rápido lo peor de los demás y mis conflictos se repiten en diferentes relaciones. Y ahí te va dando una idea. Y si no escucha a Santiago. Todos deben estar listos para escuchar, pero no apresurarse para hablar. Ni para enojarse.
Y eso es tan sencillo, pero tan profundo. Porque muchas veces la gente contenciosa habla más de lo que escucha. ¿Qué le ha pasado? Porque todos tenemos algo de contencioso, ¿verdad? Y usted no está pensando en lo que la persona le está diciendo, sino que está pensando en cómo le vas a derrotar el punto. Yo no sé lo que has dicho, pero lo que yo te digo es mejor que cualquier cosa que tú hayas dicho, ¿sí o no? Y usted ya no está escuchando. Usted está viendo cómo usted va a ganar de aquí. Cómo usted va a obtener la victoria y hasta lo canta, ¿verdad? En él está mi victoria. Aquí quiero decir algo que puede para mí sanar hogares, si lo recibes bien. Escuchar no es solo esperar tu turno para responder. Escuchar es hacer espacio para entender. Y en muchos matrimonios, en muchas familias, en muchos equipos, la conversación se rompe por falta de amor. Se rompe porque no estamos escuchando. Jesús no peleó para ganar argumentos. Tú miras a Jesús a través de toda la Escritura. Él peleó para ganar almas. Mira cómo respondía Jesús. Y aquí llegamos, yo digo, al corazón del mensaje. Jesús sí confrontó. Jesús sí habló la verdad. Jesús no era pasivo ni tampoco débil. Pero hay una gran, gran diferencia entre decir la verdad con el Espíritu de Cristo y decir algo correcto con el Espíritu equivocado. Hay una gran, gran diferencia. Cuando los religiosos querían atrapar lo que Él hacía,
a veces respondían. respondía, a veces hacía preguntas, o a veces guardaba silencio, simplemente. Son buenas guías para un espíritu no contencioso. Pero Jesús nunca estaba tratando de verse superior. Nunca estaba tratando de poner a nadie en su lugar. Nunca estaba tratando de ganar el momento. Porque Jesús nunca peleó por ganar argumentos. Él peleó por ganar almas. Eso es fundamental para nosotros. Eso nos confronta muchísimo, porque hay momentos donde estamos corrigiendo a nuestro cónyuge, pero estamos perdiendo su corazón. Escuchá esto bien. Estamos disciplinando a nuestros hijos, pero no estamos pastoreando su alma. Estamos defendiendo la verdad, pero sin el espíritu de Cristo. Estamos sirviendo en la iglesia, pero con un corazón reactivo, rígido y defensivo. Tú puedes tener la posición correcta con el espíritu equivocado. Y en el reino de Dios eso importa. No solo importa lo que decimos, importa cómo lo decimos y de dónde vienen esas palabras. Y el evangelio es la cura para un corazón contencioso. La buena noticia, el problema no se resuelve solo con contar hasta 10. El problema no se resuelve solo con terapia. El problema de la contención no se resuelve simplemente
respirando más profundo, o tratando de ser menos explosivo, o tratando de controlar mi carácter. Ya todo eso lo hemos intentado. Eso puede ayudar, pero no es suficiente. Porque la raíz no es solo el comportamiento. Tú estás manejando los síntomas ahí. La raíz es el corazón. La transformación profunda viene a través del evangelio. Por eso la solución final no es simplemente manejo de personalidad, no es modificación de conducta simplemente. La solución final es transformación por el evangelio. ¿Por qué? Porque el evangelio produce lo que la contención no puede producir. Piensa en el resultado de la contención en tu vida. Y si lo contemplamos detenidamente, nunca estamos felices con el resultado de la contención. Pero, sin embargo, volvemos a recurrir a ellos. ¿Por qué? Porque es una obra de la carne, contrario a lo que es el fruto del espíritu. El evangelio, sin embargo, produce humildad. Seguridad, mansedumbre, arrepentimiento, paz, ternura, dominio propio. Y cuando yo entiendo, escucha esto bien, cuando yo entiendo que yo también tengo falta, que yo también era pecador, que yo también fui amado, fui perdonado y estoy siendo restaurado. Cuando yo entiendo que él ocupó mi lugar en la cruz del
calvario, se humilló públicamente para que yo fuera exaltado. Cuando yo entiendo que Jesús no me trató a mí según mis faltas ni mis pecados, sino que fui salvo por gracia y que fui salvo sin tener razón. Entonces, ya no necesito vivir a la defensiva todo el tiempo. Y escúchame bien, el que está seguro de la gracia de Dios, no necesita defenderse a cada momento. El que está seguro de la gracia de Dios en su vida, no necesita defenderse a cada instante ni estar a la defensiva en cada momento. Mientras más seguro tú estás del amor de Dios, menos necesidad tú tienes de pelear por validación. Y por eso es el evangelio. Cambia la manera en que hablamos. Cambia la manera en que corregimos. Cambia la manera en que respondemos. El evangelio cambia la manera en que escuchamos, en que servimos. Porque ya no estoy tratando de proteger mi ego, sino que mi identidad está centrada en Cristo. Ahora está tratando mi corazón de reflejar a Cristo. Así que hoy la pregunta no es discuto yo de vez en cuando. La pregunta real es, ¿cultivo yo paz? ¿Cultivo yo paz o cultivo conflicto? ¿Cultivo paz o cultivo conflicto en las relaciones que Dios me ha dado y que ha puesto en mi vida? Porque un espíritu contencido. destroy marriage, destroy friendship, destroy our own potential, destroy ministry, destroy everything, churches. But the Holy Spirit produces love, joy, peace, benignity, patience, goodness, faith, patience, and self-dominance.
I feel in my spirit that God wants to confront this in us because he wants to bring restoration. And some of us have ignored it for a long time. Some marriages here don't need a better communication technique. They need a healed heart. Some don't need to win the conversation you have pending and that you keep rehearsing. They need to let go of pride. They need to surrender their wounds. They need to surrender to God on the altar the need to always win. The need to live defensively. The real need for Jesus to heal and touch our hearts. Maybe God is showing you today that this is in me. And I've realized that it has penetrated my marriage. I've realized that the way I speak to my children, I've realized that the tone I use with my family or with my boss is cynical, it's defensive. Maybe in how I react when someone corrects me or in how I'm serving. I'm serving with my hands and my feet but in my heart there is resentment. And God wants to heal that today. He wants to heal it today. Do you know why? Because there is no condemnation for the one who is in Christ Jesus. All of this that I'm mentioning here is because God wants to bring freedom and not shame or condemnation. The enemy wants to make you think that you should be ashamed of so many years in the church and that you are like this, that your marriage is like this. And Jesus, on the contrary, tells you, I died for that too. And you know what's interesting about all of this? I heard this phrase because I was fighting in areas in my life in which I want to look more like Christ.
And I felt that the Holy Spirit told me, you know what? God has all eternity to make you look more like Christ. And I want to look more like Christ tomorrow because I don't have the patience but He has the patience. And if there is a sense of guilt here, God is here to free you from that sense of guilt, to free you from shame, to free you from those feelings as long as you can come to Him with your heart open and tell Him, Lord, here I put my heart. I have made idols of things that I should not have made idols of and that have taken your place. Heal me, restore me, transform me and allow me to have more of your character. Tell Him, Lord, I give you my pride, I give you my need for control, I give you my wounds, I give you my reaction, my tone. Because today, what pride hardened, the grace of God can soften it. What seems impossible to change to you, God can restore it and heal it through His grace. What the wound distorted, the Holy Spirit can heal it. What years of family patterns normalized by generations, Jesus can break it. What seemed part of your personality and that even you have believed that lie, God can transform it.
And I want to close with this. Not everything that can be fought, must be fought. Not all truth needs to be said with hardness and not all correction needs to come with edge. If Christ was humble enough to save you, to take your place, you can be humble enough, and I can be humble enough to listen, to give in, to forgive, to love and to seek peace. And here is this line that I want to finish with this. And I hope it is recorded. You can win the discussion, but if you lose the heart of the person, you did not win anything. Puedes ganar la discusión, pero si perdiste el corazón de la persona, no ganaste nada. Que seamos una iglesia llena del Espíritu Santo. Esta es mi oración. Donde la verdad camina de la mano con la gracia. Donde la paz de Cristo gobierna nuestros corazones, nuestras conversaciones, nuestros equipos y nuestro servicio. Justamente, para mí hoy por eso. Vamos a hacer lo que vamos a hacer después del servicio. E importa mucho nuestro rally de voluntarios.
Porque servir en la casa de Dios no es solamente llenar una posición. Servir en la casa de Dios es servir a nuestra propia familia. Servir en la casa de Dios es formar una cultura que nos separa de la cultura del mundo. Y es una cultura que queremos construir en North Place. No una cultura de crítica, una cultura de paz. No una cultura donde la gente no se atreve a llevar a cabo corrección, sino donde amamos a nuestro prójimo lo suficiente como para traer corrección en amor. Una cultura no de ego, sino una cultura de servicio. Una cultura no de mi propia opinión primero, sino una cultura de cómo yo puedo ayudar. Cómo yo puedo servir. ¿Por qué? Porque si hoy Dios tocó nuestro corazón. Yo te invito ahí donde tú estás y le digo Señor perdóname. Señor perdóname. Quiero ser más como Tú. Quiero parecerme más a Ti sirviendo en mi casa, sirviendo en mi iglesia. ¿Por qué? Porque en North Place como iglesia queremos formar corazones. Padre, te damos gracias por tu fidelidad, por tu amor y por tu gracia. Trae restauración hoy, trae bendición. Y a cada paso levanta nuestra fuerza, nuestro espíritu agotado y quebrado por años de contención que nunca han producido el resultado deseado. Pero hoy ponemos nuestro corazón al pie de la cruz y le decimos gracias Jesús por tu sacrificio, por ocupar mi lugar, por humillarte para que yo también aprenda a ser humilde, a perdonar, amar y a traer la paz. En el nombre de Jesús. Amén y Amén. Gracias por haber estado con nosotros hoy y por haberte mantenido durante toda la programación. Espero que el servicio de hoy haya sido de bendición para ti. Tanto la alabanza como la adoración.
Espero que hayan traído esperanza, transformación y sobre todo propósito en tu vida. Nos encantaría escuchar de ti. Aquí en pantalla hay información acerca de cómo escribirnos, cómo enviarnos tus peticiones de oración y cómo dejarnos saber lo que Dios está haciendo en tu vida. Que Dios te guarde y espero verte de nuevo muy pronto.
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